HISTORIA FELIZ SIN FINAL NI MORALEJA
Hoy tenía intención de escribir sobre las declaraciones de RAjoy la desfachatez del PP, un grupo con una tremeda capacidad para la amnesia histórica y las dobles versiones, que ha hecho de la crispación su carta de presentación. Pero, pese a que mi indignación en grande, me lo he pensado mejor tras leer una curiosa historia que publica hoy El País (www.elpaís.com). Es una de esas historias que todavía no tienen final, pero es feliz. Una historia útil, casi un cuento con moraleja.
El artículo hablaba de una de esas razas hazañas humanas de las que ya nos hemos olvidado.
Dos hermanos (los hermanos Pou, alpinistas vascos para más datos), famosos escaladores, se encontraban una noche guarecidos en su campamento en un punto cercano a la cima del Fitz Roy, un complicado pico de las montañas Argentinas. La nieve y el frío ya les habían dificultado la ascensiónen un par de ocasiones y esperaban a que mejorase el tiempo para poder alcanzar la ansiada cumbre.
En medio de su espera vieron como descendían de la cumbre tres alpinistas franceses, hombre fuertes y hechos a la montaña. Las condiciones climatológicas no les habían permitido el ascenso.
Los hermanos Pou, vascos y cabezotas, no quería tirar la toalla y tras despedir a los franceses emprendieron la subida. Pero esta vez la famosa tozudez del norte no les sirvió para nada. Otra vez el frío fue más fuerte que ellos y decidieron dejarlo para mejor momento.
En su descenso escucharon unos gritos de auxilio y al acudir a la llamada descubrieron que era uno de los guías franceses. Los otros dos habían caído al vacío.
Tras recoger al que pedía auxilio y comprobar que podía moverse bien, decidieron bajar a recoger a los otros dos, aunque no esperaban encontrarlos con vida, 40 metros de caída son muchos metros, pero al llegar abajo descubrieron que se encontraban vivos, uno consciente y el otro malherido.
Trasladaron al más dañada a una tienda de campaña y tras dejarlo vigilado por uno de sus compañeros los Pou bajaron a buscar ayuda.
Llegaron al campamento, donde dormían otros alpinistas que como ellos esperaban alcanzar la cima Fitz Roy. Los Pou pidieron ayuda, pero a sus demandas tan sólo contestó la indiferencia. Finalmente dos compañeros británicos les ayudaron y 20 horas después del inicio de la aventura los rudos franceses del Pirineo volaban camino del hospital, vivos y a salvo.
El día amaneció soleado. Un buen momento para intentar el ascenso a la cumbre y los alpinistas emprendieron la marcha, sólo hubo dos que se quedaron atrás. Los Pou, tras su ajetreada noche, pasaron el resto del día durmiendo.
Al final de la jornada los orgullosos compañeros, aquellos que habían negado ayuda a los franceses, bajaban satisfechos. Había coronado el Fitz Roy.
Los Pou lo intentaron al día siguiente, pero otra vez el clima los tiró atrás.
La historia no termina mal, pero tampoco bien. Yo creo que no termina.
Tampoco tiene moraleja, pero para mi encierra muchos momentos de reflexión. ¿No crees?
El artículo hablaba de una de esas razas hazañas humanas de las que ya nos hemos olvidado.
Dos hermanos (los hermanos Pou, alpinistas vascos para más datos), famosos escaladores, se encontraban una noche guarecidos en su campamento en un punto cercano a la cima del Fitz Roy, un complicado pico de las montañas Argentinas. La nieve y el frío ya les habían dificultado la ascensiónen un par de ocasiones y esperaban a que mejorase el tiempo para poder alcanzar la ansiada cumbre.
En medio de su espera vieron como descendían de la cumbre tres alpinistas franceses, hombre fuertes y hechos a la montaña. Las condiciones climatológicas no les habían permitido el ascenso.
Los hermanos Pou, vascos y cabezotas, no quería tirar la toalla y tras despedir a los franceses emprendieron la subida. Pero esta vez la famosa tozudez del norte no les sirvió para nada. Otra vez el frío fue más fuerte que ellos y decidieron dejarlo para mejor momento.
En su descenso escucharon unos gritos de auxilio y al acudir a la llamada descubrieron que era uno de los guías franceses. Los otros dos habían caído al vacío.
Tras recoger al que pedía auxilio y comprobar que podía moverse bien, decidieron bajar a recoger a los otros dos, aunque no esperaban encontrarlos con vida, 40 metros de caída son muchos metros, pero al llegar abajo descubrieron que se encontraban vivos, uno consciente y el otro malherido.
Trasladaron al más dañada a una tienda de campaña y tras dejarlo vigilado por uno de sus compañeros los Pou bajaron a buscar ayuda.
Llegaron al campamento, donde dormían otros alpinistas que como ellos esperaban alcanzar la cima Fitz Roy. Los Pou pidieron ayuda, pero a sus demandas tan sólo contestó la indiferencia. Finalmente dos compañeros británicos les ayudaron y 20 horas después del inicio de la aventura los rudos franceses del Pirineo volaban camino del hospital, vivos y a salvo.
El día amaneció soleado. Un buen momento para intentar el ascenso a la cumbre y los alpinistas emprendieron la marcha, sólo hubo dos que se quedaron atrás. Los Pou, tras su ajetreada noche, pasaron el resto del día durmiendo.
Al final de la jornada los orgullosos compañeros, aquellos que habían negado ayuda a los franceses, bajaban satisfechos. Había coronado el Fitz Roy.
Los Pou lo intentaron al día siguiente, pero otra vez el clima los tiró atrás.
La historia no termina mal, pero tampoco bien. Yo creo que no termina.
Tampoco tiene moraleja, pero para mi encierra muchos momentos de reflexión. ¿No crees?
0 comentarios